Industria y desarrollo

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Actualmente poner en duda la importancia del sector industrial es absurdo, y va a en contra de la evidencia internacional: todas las naciones desarrolladas del mundo se llaman a sí mismas (y son) países industriales. Al ser generadora de tecnología y empleo formal calificado, la industria se vuelve la plataforma para un crecimiento sostenible en el tiempo.

En los países desarrollados, la industria también es el corazón del empleo, ya no estrictamente por el empleo directo si no por todo lo que genera en el resto de los sectores. En las últimas décadas se origino un proceso por el cual muchas de las tareas que antes se realizaban dentro de las industrias ahora se contratan a otras empresas (desde la liquidación de sueldos hasta la investigación, el diseño industrial y el desarrollo de productos). Esto hace que más sectores de servicios estén intrínsecamente ligados al desarrollo de la industria (en las cuentas nacionales existen muchas actividades que antes se encontraban en la actividad industrial y ahora se registran en otros sectores).

Si bien la participación de la industria en la economía de países desarrollados tiende a caer, los datos muestran que la producción industrial per cápita en los países avanzados siempre aumentó en las últimas décadas (no existe ninguna destrucción absoluta de industria, en todo caso crece por debajo de otros sectores dado los efectos multiplicadores que genera). Además, las multinacionales siguen siendo de estas mismas naciones. Casi el 31% de las 2.000 empresas industriales más grandes son estadounidenses, el 10% son japonesas, el 9,5% chinas, y el 5,2% británicas. Cualquier país que busque desarrollarse, va a priorizar políticas que potencien la producción local para que las firmas nacionales puedan internacionalizarse.

La industrialización no es una arbitrariedad de un Gobierno ni fruto del azar. El desarrollo de la industria requiere de una activa interacción entre los distintos actores de la sociedad. La política industrial y tecnológica es un eje central para potenciar la innovación en el sector privado. Ejemplos sobran, desde países pequeños como Noruega y su desarrollo industrial a partir del sector petrolero; hasta recientemente desarrollos como el GPS, las pantallas táctiles, Internet, y los buscadores de Internet que no habrían existido de no ser por el desarrollo inicial que se llevó adelante desde el gobierno de EE.UU. para promover tecnologías de vanguardia.

En un mundo cuya disputa más clara es por la agregación de valor, la mejor estrategia es la de avanzar hacia un modelo industrial basado en la innovación y en una inserción inteligente en las cadenas globales de valor.

El camino es con más y mejor crédito, con líneas directas para el sector productivo, con una reforma tributaria para que la estructura impositiva incentive el desarrollo regional y de las pymes, y una política industrial con énfasis en el desarrollo tecnológico. Y por supuesto, profundizando los programas de compra nacional para desarrollar la producción local y proveedores nacionales, como se implementan en EE.UU., Corea del Sur, Alemania, India e Israel.

El debate que hoy nos debemos como sociedad está vinculado a cómo acelerar los tiempos de la industrialización en sentido amplio (campo + energía + industria + servicios